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Rey Luis XIV de Francia

Vida de Luis XIV Rey de Francia

Luis XIV of France

(En Frances: Louis XIV), llamado el Rey Sol, copríncipe de Andorra y conde rival de Barcelona (1643-1715) representa el cenit del absolutismo francés. Su reinado resultó decisivo para la consolidación de Francia y lo francés implicaba sinónimo de elegancia y refinamiento. La lengua francesa se convirtió en el idioma de clases privilegiadas, al igual que la moda y la gastronomía.

Luis XIV, nació el 5 de septiembre de 1638 en Saint-Germain-en-Laye, junto a París. Fue el hijo mayor de Luis XIII y de la reina española Ana de Austria, nieto de Felipe III.
A sus cuatro años, falleció su padre y él fue proclamado divinidad visible. Desde ese momento vivió en el palacio Real bajo la tutela de la regencia del cardenal Mazarino. Fue un niño abandonado en manos de sirvientes, con una madre criticada fuertemente por su negligencia.

Luis XIV, delfín de Francia

A sus nueve años, nobles y parlamento se levantaron contra la corona, apoyados por clases populares. El movimiento, fue conocido como “la Fronda” y dio comienzo a una larga guerra civil. Las calles llenas de barricadas por quienes exigían medidas para asegurar libertades individuales, presionaron provocando el destierro de Luis XIV y su madre. Durante los cinco años que duró el movimiento, Luis llevó una vida errante, sufriendo humillaciones y pobreza… Experiencias que marcaron su pensamiento y carácter. Y aunque con los años se convirtió en experto capacitado, maestro del disimulo, el rey jamás indultaría las ofensas infligidas a su persona por París, los nobles y el pueblo.

En 1653 el cardenal Mazarino, venció a los sublevados y preparó la entrada triunfal de la regente en París, procediendo a construir un poderoso aparato burocrático con Luis XIV como pupilo.

Jules Raymond Mazarin – Cardenal Mazarino

En esos años el rey fue considerado un mal discípulo del filósofo La Muthe Le Vayer y del obispo Hardouin de Péréfixe, de quienes recibió rudimentaria educación, más práctica que intelectual de mediocres y superficiales conocimientos.
Sin embargo, se había convertido en un extraordinario bailarín y en un caballero de grave porte que amaba cazar, ir a banquetes y celebrar con mujeres. Su energía y vigorosa salud eran inagotables, permitiéndole tolerar no sólo la operación de una fístula y cada uno de los estragos de un admirable apetito, sino también, los imprecisos tratamientos médicos y la falta de higiene de la época.

Subestimándolo, la corte le creía preocupado únicamente por sus amores con María Mancini, es por esto, que el rey somete al amor a las exigencias de la diplomacia, desposando a la hija del rey de España, María Teresa de Austria, quien fue la ratificación del tratado de paz de los Pirineos, que puso fin a la guerra entre los dos países.

María Teresa de Austria, hija del rey de España

La boda celebrada en San Juan de Luz el 9 de septiembre, alcanzó la felicidad y aprobación de la reina madre, por la unión dinástica. María Teresa renunció a los derechos de sucesión de la corona española, por una dote de 500.000 escudos. Y como Mazarino sabía que las agotadas arcas españolas jamás podrían pagar esta cantidad, dejaba abierta a Luis la posibilidad de reclamar en el futuro la sucesión real.

Matrimonio de Luis XIV de Francia y María Teresa de Austria, hija del rey de España en 1660

La aguda dedicación del rey a los placeres había hecho creer que no se interesaría por gobernar. Por eso, fue sorpresivo para el consejo de ministros, cuando el 10 de marzo de 1661 (al día siguiente de la muerte de Mazarino) el monarca anunció:
«Señores, os he llamado para deciros que hasta ahora he tenido a bien dejar gobernar el señor cardenal. En lo sucesivo seré yo mi primer ministro y vosotros me ayudaréis con vuestros consejos, cuando yo os lo pida. Le ruego, señor canciller, que no haga firmar nada que no sea por mis órdenes, y a ustedes, señores consejeros, que no hagan nada que no mande yo». Con aquellas palabras, Luis XIV fundó la monarquía absoluta en Francia con el del despotismo por derecho divino.

El reinado de Luis XIV, estuvo señalado por la euforia cuando la reina madre y el círculo de devotos de la corte, se escandalizaron al ver que el matrimonio no había atenuado en lo más mínimo, la pasión del rey por sus aventuras sexuales. La reina María Teresa, robusta y de corta estatura, hablaba con dificultad poco francés, viviendo ignorada en perpetua adoración hacia su esposo, a quien concibió seis hijos, todos fallecidos en la infancia, exceptuando al gran delfín. Cuando la reina murió en 1683, Luis XIV pronunció: «He aquí el primer pesar que me ha ocasionado». Sin embargo, el régimen de las amantes oficiales había empezado al poco tiempo de su matrimonio, cuando el rey fundó una estrecha relación con su cuñada, madame Enriqueta, duquesa de Orleans.

Madame Enriqueta, Duquesa de Orleans

Pero sólo para evadir escándalos, tomó por amante a una de las damas de honor de ésta: Louise de Lavallière. Fue una joven de dieciséis años tímida, algo coja, que concibió tres hijos ilegítimos.

Louise de Lavallière, amante de Luis XIV de Francia de 1661 a 1667

En 1667, Lavallière fue reemplazada por Atenaida de Rochechuart, la dadivosa marquesa de Montespan, quien dominó al rey y a la corte por diez años como una verdadera sultana de las celebraciones de Versalles.

Atenaida de Rochechuart, marquesa de Montespan

Versalles
Hasta la inauguración oficial del Palacio de Versalles el 6 de mayo de 1682, la corte real cambiaba frecuentemente de ubicación. Luis XIV y sus cortesanos se establecieron en el Palacio del Louvre, luego en Tullerías, alternando con temporadas en los castillos de Saint-Germain-en-Laye, Vincennes, Fontainebleau y el Versalles. La labor de construir y decorar la residencia real definitiva, se confió al artista André Le Nôtre , Louis Le Vau , Charles Le Brun y Jules Hardouin-Mansart .

Palacio de Versalles. Fachada del jardín en 1674
Palacio de Versalles. Entrada en 1668 durante la primera reconstrucción -pintura de Pierre Patel-


A sus cuarenta años, Luis XIV ha alcanzado el florecimiento de su riqueza política y militar. Arrogante y orgulloso como ningún otro soberano, París lo llama el Grande y en la corte es objeto de adoración. En esa época, graves cambios sobrevienen. Tras haberse separado de madame de Montespan, el rey abandona abiertamente los placeres e impone piedad en la corte. Pero reina ocultamente una nueva soberana: madame de Maintenon, viuda del poeta satírico Paul Scarron. A poco de morir la reina María Teresa en 1683, se casó en secreto con el rey, en una ceremonia bendecida por el arzobispo de París. La boda significó una etapa definitiva en la vida de Luis XIV.

Madame de Maintenon, segunda esposa de Luis XIV

Durante el reinado, Luis XIV, combatió en tres grandes guerras incrementando su poder e influencia francesa en Europa: la Guerra franco-neerlandesa, la Guerra de los Nueve Años y la Guerra de Sucesión Española. Su reinado de 72 años, fue el más duradero en la historia, consiguiendo crear un régimen totalitario y centralizado, hasta el punto de ser considerado el prototipo de la monarquía absoluta en Europa. Pero, asimismo como sus numerosas guerras engrandecieron a Francia, representaron gran carga económica que, junto con la construcción del suntuoso palacio de Versalles, provocó el desplome de la arbitrariedad que con arresto había alcanzado a consolidar.

Por primera vez en Francia, el ejercicio del poder se identificó con un lugar: Versalles, que pasa a ser la segunda capital del país. El nuevo palacio, encarna en el punto de mira de toda Europa, atrayendo la habilidad de artesanos y artistas que fueron protegidos y empleados por el rey.

Jornada diaria del Rey
La jornada comenzaba cada día a las ocho y media de la mañana, cuando el primer ayuda de cámara real, se acercaba al lecho del monarca y pronunciaba la famosa fórmula: «Señor, es la hora»… Frase que iniciaba la ceremonia lever du roi, de una hora exacta de duración. El soberano salía de la cama, se aseaba, lo vestían y peinaban, mientras realizaba sus plegarias. Conglomerados, decenas de cortesanos aguardaban a la espera de poder entrar en la habitación real. Era la oportunidad perfecta para obtener un favor del soberano. Las diferencias de rango marcaban el orden de acceso a la estancia: primero, los príncipes y conocidos íntimos del rey, luego los ministros y por ultimo los demás cortesanos, bosquejando en total, seis «entradas». A la salida del lever, el rey se dirigía a la capilla del palacio a la entrada del ala norte. Este acto era de suma importancia, por exhibir su devoción públicamente, permitiendo a su vez a cualquiera, situarse en el recorrido para ver al soberano y hacerse ver por él. La jornada versallesca de Luis XIV, terminaba con la ceremonia del coucher du roi, el acto de irse a la cama.
Versalles era el teatro de una brillante civilización cortesana, destinada a destacar en Francia, gracias a los numerosos visitantes extranjeros y a los embajadores en toda Europa.

Rey de Francia Luis XIV el Grande

Determinado a imponer la hegemonía de Francia en el continente, Luis XIV estableció una poderosa máquina militar, llegando a reunir 400.000 combatientes preparados para luchar en todos los frentes. Para conquistar su fuerte política de guerra y expansión territorial, Luis XIV contaba con el ejército más poderoso de Europa.
En 1661 el ejército contaba con 32.000 soldados de infantería (donde 19.000 eran franceses), 8.400 en compañías francas (no organizadas en regimientos) y 8.500 soldados de caballería; formando en total 50.000 hombres. Pero, apenas siete años más tarde, en 1668, los efectivos se habían quintuplicado a 220.000 soldados de infantería, 60.000 de caballería y 10.000 de las fuerzas selectas de la Casa del Rey. Y en 1690 la cifra se elevó a un total de 388.000 hombres, que ascenderían a 600.000 si se les suman las fuerzas de milicias y las de la marina. Estas cifras de efectivos nunca antes fueron vistas en Europa. No obstante, movilizar a semejantes masas de hombres, requería ingentes esfuerzos por parte del Estado. En 1691, nada menos que el 73% de los ingresos públicos de la monarquía francesa, fueron destinados al ejército.
En agosto de 1715, el Rey Sol se despidió de sus cortesanos por una gangrena que le atacado una pierna. Días después, el primero de septiembre, fallecía a la edad de setenta y siete años, después de setenta y dos de reinado. Su cuerpo fue trasladado en medio de burlas y protestas hasta la basílica de Saint-Denis, desapareciendo con él, el máximo ejemplo de la monarquía absoluta.

Luis XIV (sentado) con su hijo el Gran Delfín (izquierda), su nieto Luis, duque de Borgoña (derecha), su bisnieto Luis, duque de Anjou, y Madame de Ventadour, institutriz del duque de Anjou, que encargó este cuadro. Al fondo se ven bustos de Enrique IV y de Luis XIII (c. 1710)